“- ¿Y tu abuela no sospecha? Caperucita sonrió. - ¿Crees que ella vive a mitad del bosque por gusto? No soy la primera mujer que ama a un lobo.”— Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios.
“Gustarle a alguien siempre es agradable. Es agradable que te deseen. Incluso aunque sea la persona equivocada.”— Tabitha Suzuma, Prohibido
Advertecia -Aquella noche sentí nuevamente su presencia, el aire saturado de su esencia conmovía mi demencia. Estaba loca lo sabía, mi piel lo necesitaba, lo pedía. Mi alma se desvistió de cordura mientras una mano sujetaba mi cintura. -
El cuerpo aletargado de una pequeña mujer despertaba poco a poco después de la catálisis de sentidos. Su piel enardecida pedía a gritos aquel tacto por el cual había esperado tanto tiempo.
-Sentía su yema recorrer mi espalda y descender hasta el inicio de mis nalgas al tiempo que mis pezones se deleitaban con el simple roce del encaje. Mi totalidad le pertenecía. -
Aquel forastero irrumpió en la habitación, llevándose su último suspiro de manera inexorable. El único murmullo de la penumbra fue una respiración agitada desbordada de lujuria.
-Mis ojos permanecían cerrados, mientas los sentidos percibían la humedad de sus labios en mi garganta. Oh Dios… tan frágil y pequeña era a su lado… mi voluntad se encontraba desorientada y que decir de mi sensatez. Me encontraba perdida. –
No era fácil… las palabras nunca llegaron a escucharse, los cuerpos hablaban por si solos, el lenguaje del deseo era suficiente para dar a entender la necesidad que tenían el uno del otro. El tiempo pasaba lento, los segundos parecían años y los minutos una eternidad.
-Me inundo la osadía, gire mi cuerpo y me topé con su enorme dorso, aquella presencia me hacía sentir segura, levante la mirada y lo observe. Había pasado mucho desde la última vez. Sus ojos parecían tristes, vacíos de recuerdos, llenos de nostalgias, llenos de preocupaciones. -
Una lúgubre noche se forjaba en el fuego del egoísmo. El hombre siendo hombre y ella inmersa en los aires de euforia y excitación se convertiría en polvo.
- Un beso, solamente necesitaba un tanto de eso. Con el alma en las manos me dedique a pronunciar finalmente su nombre en un susurro, como suplica de contacto a lo que él respondió amoldándose a mis labios. Al fin… al fin lo tenía. -
Las prendas sobraban, la fuerte lluvia apaciguaba la melodía de los gemidos ahogados que sonaban dentro de esa interminable habitación, la penumbra era el único testigo de aquel acto indebido de obsesión que esa noche ocurriría.
-El reloj marco las 3:00, la noche era interminable… sentía su lengua recorrer mis labios al tiempo que sentía su desesperación brotar por los poros. Mi labio fue aprisionado por sus dientes hasta hacerme gemir de dolor, el sabor a metal inundaba mi boca. Pronto el sabor a metal inundaría incluso mi existencia…-
Un pequeño sobre se posaba en el suelo junto al montículo de ropa que había ocasionado ese encuentro. A su lado ya hacia un pequeño bolso de cuero repujado con una sorpresa en su interior.
-Deslizaba su completa desnudes sobe la mía, su dureza empuñaba en mi vientre y yo… yo ya estaba lista, completamente húmeda esperando el momento indicado para que llenara mi sed de satisfacción. – Uno, dos, tres— Tres fueron los suspiros que dio el antes de penetrar entre mis barreras, barreras que había construido para que él no las destruyera. Pero era tarde… lo quería, lo necesitaba y estaba en evidencia que en ese entonces hasta lo sentía. –
Tres de la mañana, tres suspiros y tres interminables minutos nostálgicos que irremediablemente habían resumido una corta vida de confusiones, adicciones, obsesiones en complicaciones.
- Mi pecho se elevó ante la presión, mis ojos se llenaron de lágrimas, mis piernas temblaban y un montón de impulsos nerviosos se concentraron en el núcleo de mi cuerpo, un millón de hormigas se posaron en mi vientre y desataron el mayor orgasmo de mi vida. Una mano pesada en mi cuello una afilada daga enterrada en mi corazón, la sangre caliente resbalando por mi costado y finalmente mi cuerpo desvaneciéndose en un último suspiro. –
Aquella noche ella sintió nuevamente su presencia, el aire saturado de su esencia conmovía su demencia. Estaba loca ella lo sabía, pero su piel lo necesitaba, lo pedía. Su alma se desvistió de cordura mientras una mano asesinaba su hermosura.
En el sobre lo advertía.
“eres mía, sin esfuerzos eres mía, sin tapujos eres mía, sin antojos eres mía.
eres mía muerta, eres mía viva.
Y si no puedo tenerte te tendré en la proxima vida”
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-autor: Sue.